Piña costarricense: vigorosa expansión con sabor amargo

  • El caso de la contaminación de aguas  en la comunidad de Milano

Periodistas: Marcela Cordero y Ana Cristina Camacho

Agosto, 2018. La creciente demanda del mercado internacional ha propiciado una acelerada expansión de la producción de piña en Costa Rica. El mejoramiento de la variedad genética de la piña hawaiana colocó al país como un productor y exportador por excelencia, un fenómeno ayudado por una industria mundial en crecimiento, producto de una demanda cada vez mayor de frutas tropicales.

 

Se afirma que después del banano y del mango, la piña es la tercera fruta tropical con mayor volumen de producción en el mundo, siendo Estados Unidos, Europa –especialmente Alemania, Holanda, Gran Bretaña y España–; y Japón, los mercados receptores más fuertes. Su crecimiento está asociado además a su alta rentabilidad financiera (rendimiento por hectárea sembrada).

 

En Costa Rica, como en el resto de países productores, la mayor producción de piña está en manos de empresas transnacionales: Dole, Chiquita y Del Monte. Los datos de la producción mundial permiten afirmar que Costa Rica ha desplazado a Hawái en el cultivo de esta fruta y figura como el primer productor de piña en el mundo.  De manera más amplia, los datos oficiales puntualizan que la piña es el tercer producto de exportación, seguido por los dispositivos médicos y banano. Estudios de la Universidad de Costa Rica por otro lado indican que en el 2016 representó un 8,9% de las exportaciones total del país.

 

Antes de los años 90, la piña que producía el país se caracterizaba por tener un mayor tamaño, alargada, ácida y blanca. Fue la empresa Pindeco, subsidiaria de Del Monte, la que comenzó a probar a nivel técnico un paquete tecnológico para mejorar el rendimiento por hectárea y aumentar la producción. Esta mejora tecnológica, si bien permitió el comienzo de una nueva era en la industria, también propició la dependencia de los insumos químicos. Apareció entonces la variedad MD-2, también conocida como Sweet  Gold.

 

Paisajes como estos se visualizan en la zona del Caribe y zona Norte del país, debido a la expansión piñera.

“Con un crecimiento de más del 200% con relación al año 2000, se estima que existen sembradas unas 45.000 hectáreas de este cultivo en el país, según los datos del 2011 reportados por la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria”, afirma un extracto del estudio de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) titulado ‘Desarrollo de las piñeras en Costa Rica y sus impactos sobre ecosistemas naturales y agro-urbanos’, del 2013.

Es esta dependencia a los agroquímicos la que ha provocado encendidos debates por la relación entre el incremento de la producción y el impacto en los sistemas hídricos, un debate que se acelera en el marco de la Agenda 2030 y los compromisos del país para alcanzar un desarrollo más sostenible.

La piña no solo juega un papel fundamental en la discusión de cómo lograr producción y consumo sostenible, lo cual pasa por disminuir el uso de agroquímicos mediante la regulación estatal hacia los monocultivos, sino por empoderar a las empresas y a la industria en el camino de métodos de producción más amigables tal y como lo señala Erick Quirós, director Superior de Operaciones Regionales del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

El MAG reconoce que la contaminación no es solo responsabilidad del sector agropecuario dado que muchos ríos arrastran contaminación desde varios efluentes de la Gran Área Metropolitana; lo mismo que el bromacil, utilizado por la piña y por otros cultivos. Sin embargo, en el caso de la piña la alta dependencia de uso de insumos, sumado a la geografía del país, hace que las poblaciones estén muy cerca de las fincas piñeras y las aguas de las plantaciones drenen en zonas protegidas, según lo ha detallado Clemens Ruepert, especialista del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas de la Universidad Nacional (ITER).

Fue este instituto el que encontró en el 2003 contaminación de aguas subterráneas en Milano de Siquirres, en la provincia de Limón, una población que tardó casi una década sin recibir agua de su propio acuífero tras revelarse residuos de pesticidas en el acueducto rural.

El Acueducto de Milano actualmente brinda agua potable a 1600 personas.

Costa Rica también apunta la piña en el ODS 14 (Vida Submarina) al colocar la lixiviación de pesticidas y fertilizantes provenientes de áreas de cultivos de banano, cítricos y piña como una amenaza por contaminación sobre los pastos marinos.

 

El tema es tan relevante que propició la conformación de una ‘plataforma nacional de producción y comercio responsable de piña en Costa Rica’ bajo el liderazgo del PNUD Costa Rica cuyo objetivo principal es la rendición de cuentas del sector a las comunidades nacional e internacional.

Todo suma: a más extensión del cultivo, menor cobertura boscosa y mayor uso de agroquímicos (independientemente de que el bromacil esté prohibido, quedan otros en uso y de manera intensiva), mayor contaminación de aguas, más poblaciones afectadas, mayor drenaje de humedales y pérdida de especies marinas.

Una larga lista de preguntas fueron remitidas a la Cámara de Productores y Exportadores de Piña de Costa Rica (Canapep) para elaborar este reportaje pero ninguna recibió respuesta, pese a las reiteradas comunicaciones. Se le consultó a la Cámara sobre datos generales de cultivo, hectáreas, zonas de mayor producción, controles sobre buenas prácticas agrícolas y su posición sobre las acusaciones en torno a la contaminación del recurso hídrico en varias zonas del país, uso del bromacil y otros agroquímicos.

 

Milano de Siquirres: vivencias alrededor del recurso hídrico

Ingresar a esta comunidad limonense requiere entrar en una calle de lastre, la cual se recubre con plantaciones de piña que reciben a sus visitantes. Luego de pasar el centro de operaciones de Del Monte y el tanque de captación del acueducto, se llega al pueblo. Diagonal a la plaza de la localidad, se ubica el acueducto, que suministra agua potable a 1.600 personas, según datos del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA). Gracias a un  nuevo acueducto, inaugurado en el 2017, es posible llevar agua desde una naciente hasta el tanque de 300 metros cuadrados.

Sin embargo esto no siempre fue así, ya que desde 2003 esta comunidad, junto con otros pueblos del distrito de El Cairo de Siquirres, recibieron agua en camiones cisterna, debido a la contaminación del agua detectada en las principales aguas subterráneas de la zona. Lo anterior representó una altísima erogación para el AyA estimada en $3 millones. Fueron afectados unos 60.000 habitantes de todo el municipio.

 

El protagonista en los estudios de agua era el bromacil, el agroquímico más utilizado en los cultivos de piña debido a su alta efectividad. Esta sustancia, que fue prohibida en Costa Rica en 2017, es soluble en agua, además es lixiliable, es decir, que puede filtrarse en algunos tipos de suelos, con la posibilidad de llegar a mantos acuíferos. Se le achaca gran parte de la responsabilidad por contaminación a la finca La Babilonia, propiedad de Corporación de Desarrollo Agrícola del Monte, subsidiaria de Fresh Del Monte. No obstante, todos los gastos han sido gestionados por el Estado (AyA) pues el caso judicial, que ya se elevó a instancias internacionales (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) aún sigue su curso.

 

Xinia Briceño, miembro de la Junta Directiva del Acueducto de Milano, recordó que el cultivo de piña llegó a la comunidad hace más de 20 años. Tiempo después comenzaron los rumores de que el agua estaba contaminada, debido a un estudio realizado en su momento por el IRET.

“Durante muchos años el agua estuvo contaminada y no lo sabíamos” comentó Erlinda Quesada, miembro del Frente Nacional de Sectores Afectados por la Producción Piñera (FRENASAPP). La líder comunal aseguró que no fue hasta que la gente comenzó a alzar la voz, que las autoridades pusieron atención al problema (Veáse vídeo ‘El valor del agua’)

Esta situación llevó a la Municipalidad de Guácimo a aprobar una moratoria al cultivo de piña en 2008, basada en el Principio Precautorio, del Artículo 15 de la Declaración de Río, el cual indica que en caso de que haya peligro de daño ambiental, el Estado, por medio de de la Municipalidad, debe tomar las medidas necesarias para impedir el daño ambiental.

Actualmente diversas organizaciones piden al Gobierno aprobar una moratoria a este cultivo, en vista de la contaminación del recurso hídrico que se ha venido dando.

Gabriel Villalobos, miembro del Comité Comunal Ambiental de Milano (COCOA Milano), es un joven de la comunidad que comenzó a involucrarse en el tema de la contaminación del agua al ver la problemática que se enfrentaba. La experiencia de tener el agua contaminada, lo hizo informarse más  y unirse al grupo comunitario para cuidar el preciado recurso.

 

“El lugar donde nosotros vivimos tiene muchas fuentes de agua, muchas nacientes, ya las principales están contaminadas que eran las que abastecían la comunidad; la idea es seguir dando la lucha”, comentó el ambientalista de 19 años, quien asegura que estas empresas deben responsabilizarse por el daño que han hecho a la salud pública.

 

Y es que casos como este se repiten en otras partes del país. Tal es el caso de la Zona Norte –del total de hectáreas sembradas de piña, el 61% se ubica en esta parte del país– donde comunidades de San Carlos y Río Cuarto de Alajuela están viviendo esta realidad por la contaminación de sus aguas con agroquímicos, debido a la expansión piñera presente en la región.

Miembros de estas y otras comunidades junto con organizaciones comunales se reunieron en el II Encuentro Nacional de Personas Afectadas por los Agronegocios, realizado el 6 y 7 de agosto en San José. Compartieron experiencias similares relacionadas con los monocultivos de piña, banano, arroz y palma africana.

Villalobos invitó a los jóvenes a involucrarse más en los problemas ambientales de sus comunidades. “Investigar, la idea es preguntar, informarse, si se da cuenta o hay rumores de que hay agua contaminada o alguna problemática ambiental, investigar, preguntar, no tener miedo, ir a la institución a preguntar. La idea es que las nuevas generaciones estemos dispuestos a seguir la lucha  contra los agroquímicos, las piñeras, las bananeras y todos los agronegocios” concluyó.

 

 

 

Expansión y agroquímicos

La piña se siembra en Costa Rica desde tiempos de la colonia. No obstante, desde que la piña hawaiana hizo su aparición por ahí de la década del 90,  la producción giró hacia un monocultivo de alta intensidad y alta demanda tecnológica. Se ha vuelto tan intensiva que en muchas zonas con alta vocación agrícola, ganadera o boscosa en el pasado, pasaron al monocultivo de piña en relativamente pocos años.

Algunos pequeños productores, animados por la expansión y por los buenos precios en el mercado internacional, se volcaron hacia la piña para vender la fruta a grandes empresas exportadoras. Significa esto que, las multinacionales comercializadoras, debieron acudir a productores independientes para lograr el volumen requerido. El acuerdo contempla en la mayoría de los casos, un acompañamiento técnico, de equipo y tecnológico por parte de las empresas compradoras a cambio de la tierra y de mano de obra.

En el II Encuentro de personas afectadas por los agronegocios se compartieron problemáticas de diversas partes del país.

Estudios elaborados por diversas universidades públicas del país dan cuenta que paralelo a la expansión piñera sobrevino un uso extensivo de agroquímicos con los consecuentes impactos ambientales, socioeconómicos y agro-urbanos. Si bien algunos grupos productores han incursionado con el cultivo de piña orgánica, a partir de prácticas agrícolas más controladas, menos riesgosas y de menor repercusión ambiental, la mayor parte de las fincas cultivadas continúan desarrollándose bajo esquemas convencionales.

En términos generales, se estima que un 75% de la piña se exporta; aquella fruta que no cumple con los estándares de calidad requerida por los compradores en el exterior (la de rechazo) queda para el mercado local. En este escenario se dice que: Europa consume un 49% de la piña costarricense; Estados Unidos el 46%; Holanda el 61%, le sigue Bélgica, Alemania, Italia, Reino Unido y España con porcentajes que van desde el 43,3% hasta el 3,7%.

Desde el punto de vista laboral, el sector genera aproximadamente unos 24.000 empleos directos y está concentrado en alrededor 145 empresas (a principios del 2000 eran 47) y 58 plantas empacadoras entre nacionales y transnacionales. La Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep) calcula en 1.200 pequeños y medianos productores vinculados a la actividad. Sin embargo, la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) aumenta la cifra a 32.000  empleos directos. Un 9 % del área total agrícola del país es piña y la extensión promedio de las fincas grandes es de 800 hectáreas.

Procomer le adjudica a la exportación para el 2014 un valor de $855,1 millones y ya para el 2017 aumentó a $941,5 millones.

Ahora bien, aquí entra a escena un gran tema de discusión para los diversos grupos que han venido investigando al sector y han demandado acciones urgentes por parte del Estado, de cámaras de productores y de entes reguladores.

 

¿Cuál es de manera precisa el número de hectáreas cultivadas?. Canapep registra para el 2015 un total de 40.000 hectáreas; la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria (SEPSA) del Ministerio de Agricultura y Ganadería constata 46.000 hectáreas y por su parte, el VI Censo Nacional Agropecuario del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) da cuenta de 37.659 hectáreas para ese mismo año. Para cerrar con los datos, el estudio ‘Monitoreo de cambio de uso de paisajes productivos’ dirigido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) apunta hacia 58.000 hectáreas en el 2016, un panorama bastante alejado de lo que el Censo señaló un año atrás.

La expansión del cultivo ha dado pie también a confusión en las cifras oficiales, lo cual no tendría mayor relevancia sino fuera un cultivo con un elevado nivel de cuestionamientos en los ámbitos ambiental, social, laboral y de respeto a los derechos humanos.

Se une otro aspecto que ha provocado dilema, el cual si bien no es el principal enfoque de este reportaje sí gravita en torno al tema principal y ha estado acompañando al conflicto ambiental desde sus inicios. Se trata del impacto en el empleo. Se afirma que el sector genera alrededor de 32.000 puestos de trabajo directo muy concentrados en regiones de alta vulnerabilidad socio-económica, según índices de desarrollo humano y mapeos hechos para identificar niveles de inequidad social.

Entonces, si la expansión piñera promovió una aceleración económica en las empresas exportadoras y jugosas divisas para el país ¿quiénes se están beneficiando? ¿cuánto desarrollo económico está generando en las regiones productoras? ¿cuál es el impacto en la calidad del empleo en esas zonas de bajo desarrollo del país? ¿Cuál es realmente el impacto ambiental sobre el recurso hídrico?

Los estudiosos han comparado las variaciones en los índices de desarrollo humanos cantonal al compás de la intensificación de la industria de la piña. El resultado no es para nada alentador: esas regiones que acogieron grandes extensiones del cultivo desde hace ya dos décadas, siguen ubicados en los últimos lugares de desarrollo del país.

La discusión se centra entonces en responder qué está aportando la piña con sus 30.000 empleos directos a la riqueza local. Está realmente mejorando la calidad de vida de los habitantes de las regiones productoras.

Lo cierto es que ese sabor amargo de la expansión piñera aún queda en el paladar de muchas comunidades rodeadas por los cultivos de piña que ven amenazadas sus fuentes de agua potable, sus humedales, bosques y principalmente pisoteados los derechos humanos de tener garantía de agua potable en cantidad y calidad suficiente.

 

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