Rechazar lo desechable: un cambio de mentalidad

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  • Cada vez más negocios buscan reducir sus desechos
  • Aún falta un cambio cultural para lograr este propósito

En el camino por la reducción de los residuos, tanto personas como negocios de todo tipo implementan iniciativas para disminuir su huella ecológica. Mensajes como “sin pajilla por favor”, “sin bolsa por favor”, entre otros, invitan a los clientes a hacer un consumo más responsable, sin embargo, las bolsas y pajillas aún siguen ahí para quien lo desee.

Ante ello, el poder del consumidor se torna crucial para hacer la diferencia en cada compra. Pero no se puede dejar de lado el papel de cada uno de los empleados y empresarios para lograr posicionar estas metas en cada transacción.

El vaso de café reutilizable

El estereofón no es reciclable.

En mi intento personal de unirme a estas iniciativas, fui a una sucursal de una conocida cadena de restaurantes de comida rápida, con el fin de tomarme un café. Para ello llevé mi vaso de café reutilizable y le pedí a la cajera que por favor me sirviera la bebida en él, ante lo que accedió amablemente.

Sin embargo, al momento de recogerlo, me entregaron mi vaso vacío a la par del café servido en el tradicional vaso de estereofón. Ante mi confusión, la señorita me indicó que ella me lo iba a servir en el mío, pero que sus jefes se encontraban cerca.

Irónicamente, en el restaurante cuentan una campaña invitando a sus clientes a no utilizar la pajilla ni la tapa de plástico en sus bebidas.

La pajilla desechable

El uso de pajillas es muy común, y se podría decir que casi infaltable en los locales de comida.

En otras ocasiones, he acudido a sodas y restaurantes, donde he solicitado un fresco natural. Al recibir la bebida, en algunos casos dan el vaso con una pajilla incluida de forma automática. En otros, la entregan por aparte, o bien las ponen en el mostrador para que las personas tomen una si así lo desean.

Iniciativas actuales han provocado que muchos cambien la tradicional pajilla común por una biodegradable, o que establezcan una política para preguntar en todos los casos al cliente si la desea o no, para así darles la oportunidad de replantearse si realmente las necesitan.

La bolsa plástica

Ir al supermercado o feria del agricultor es parte de las actividades cotidianas de todos. En ocasiones he ido de compras con mis bolsas de tela, y mientras pago en la caja, de forma inmediata y automática me empacan las compras en bolsas de plástico.

En otros casos los establecimientos han eliminado las bolsas de plástico del todo, ofrecen cajas de cartón, o bien venden las bolsas de tela, con el fin de hacer conscientes a los clientes de esta problemática.

En el caso de la feria del agricultor, en muchos puestos es usual ver las frutas o vegetales ya empacados en bolsas, para venderlos de forma más fácil a un determinado precio. Sin embargo, en la mayoría de los casos también tienen el producto suelto o bandejas plásticas para escogerlo y pesarlo, sin necesidad del empaque.

Cambio de chip

¿Falta de capacitación a los colaboradores? ¿Desconocimiento de las campañas de la empresa? ¿Costumbre de utilizar envases desechables en todo momento? ¿Políticas de manipulación de alimentos? ¿Creencia de que ofrecer una bolsa o pajilla mejorará la experiencia de compra del cliente?

Sin duda son preguntas que varían dependiendo de cada caso y que vale la pena cuestionarse. Como consumidores, detrás del mostrador, como emprendedores o en un puesto de liderazgo, todos tenemos un impacto en esta dinámica.

Además de las campañas e iniciativas disminuir los desechos, es necesario cambiar poco a poco la mentalidad de las personas. Detenernos un momento y cuestionarnos si realmente necesitamos esa bolsa o ese empaque, permite poner en perspectiva cada interacción con el mercado, y así ejercer el poder del consumidor.-

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